EDITORIAL: How to Change the World—That’s All

Why do some innovations make a lasting change in a field?  Think about Apple computers and iPhones.  Billy Beane’s 2002 Oakland Athletics baseball team that brought deep statistical analysis of players into the profession.  Venezuela’s El Sistema.

Lasting change doesn’t just come from introducing something new.  New can be impressive and memorable.  But to change the frame, to change the understandings of what is possible in this world, it takes a combination of innovation and inarguable excellence. In 1976, when the young musicians of El Sistema Venezuela braved their first trip to join a world youth orchestra competition in Scotland, the first Latin American orchestra ever to do so, their players won more awards than any other country’s. When they returned home, their national government immediately offered the financial support that grew into the Sistema that has changed the world of music learning.  Their excellence, certified by outsiders, changed the system.

How did El Sistema’s White Hands Choir change the world’s understanding of special needs youth performance expectations?  The ensemble began and grew in Barquisimeto, championed by master teachers Jhonny Gomez and Naybeth Garcia.  The ensemble is a chorus of two halves; one half is young people with learning disabilities who sing well (although not with the finesse of the world’s great youth choirs); the other half is young people with hearing impairments—many are deaf—who interpret the songs with the choreography of their white-gloved hands.  (Check out a video of the White Hands Choir at the end of this article.)  Jose Antonio Abreu brought the White Hands Choir, along with six other huge Venezuelan Sistema ensembles, to the 2013 Salzburg Festival, one of the bastions of traditional connoisseurship in classical music.  We attended their performance at the Mozarteum, one of the world’s most revered venues.  The hall was packed with German and Austrian aficionados of the world’s great choruses, who were there to see 100 ability-challenged young people pour their hearts out in music. The response included weeping and cheering by these highly critical European experts.  On the sidewalk outside, we asked an Austrian about the performance we’d just seen.  He said he comes from the town where Mahler composed, and he added, “I have never seen a performance or a response or anything like that in my life.”  A certification of excellence.  The world now understands musical performance by musicians labeled “disabled” in a different way.  Condescending responses like “Isn’t that lovely!” are no longer the limit; true artistic excellence is possible—a change in our expectations for the power of those young people.  A change in the aspirations those young people can absorb, and can achieve.

This is true for the world full of 400+ El Sistema-like programs.  Children from disadvantaged backgrounds can do more than impress people with how well they play “even though” they come from those backgrounds.  They can aspire to perform with excellence, and to bring something so powerful from who they are that they change the understanding of what is possible for them, for those in their community and for all of us.

And that doesn’t mean the excellence must be the kind demanded by the orchestral industry pipeline—El Sistema wasn’t constrained by that definition, and the White Hands Choir wasn’t; they worked their way to a new kind of excellence. Distinctive new kinds of excellence—seek that. There are many kinds of excellence, but they all require imagination, dedication, rigor, and high ambition.  Most programs are beginners compared to Venezuela, but following the lead of Colombia and Mexico, our field is on its way.

Author: Eric Booth, Publisher, The World Ensemble

Date Published: 25 June 2019


EDITORIAL: Como cambiar el mundo – Eso es todo

Por Eric Booth, Editor, The World Ensemble

¿Porque algunas innovaciones logran un cambio duradero en un campo? Piensa en los computadores Apple y los iPhones. El equipo de béisbol de los Oakland Athletics de Billy Beane en 2002, que introdujo un análisis estadístico profundo de los jugadores en la profesión. El Sistema de Venezuela.

Los cambios que perduran no vienen solo de presentar algo nuevo. Lo nuevo puede ser sorprendente y memorable. Pero para cambiar el marco, para cambiar el entendimiento de lo que es posible en este mundo, se requiere la combinación de innovación y excelencia indiscutible. En 1976, cuando los jóvenes músicos de El Sistema Venezuela lograron su primer viaje para ir a una competencia mundial de orquesta juveniles en Escocia, la primera orquesta Latinoamericana en hacerlo, sus intérpretes ganaron más premios que ningún otro país. Cuando regresaron a casa, el gobierno nacional inmediatamente les ofreció apoyo financiero que se convirtió en el Sistema que ha cambiado el mundo del aprendizaje musical. Su excelencia, certificada por externos, cambió el sistema.  

¿Cómo el Coro de Manos Blancas de El Sistema cambió el entendimiento de las necesidades de los jóvenes con necesidades especiales en el mundo? El ensamble inició y creció en Barquisimeto, defendido por los maestros Jhonny Gómez y Naybeth Garcia. El ensamble es un coro de dos mitades; una mitad son jóvenes con discapacidades de aprendizaje que cantan bien (aunque no con la delicadeza de los grandes coros juveniles del mundo); la otra mitad son jóvenes con discapacidad auditiva – muchos sordos – quienes interpretan las canciones con la coreografía de sus manos en guantes blancos. (Mira el video del Coro de Manos Blancas al final de este artículo.) 

José Antonio Abreu trajo el Coro de Manos Blancas, junto otros seis grandes ensambles, en el 2013 al Festival de Salzburgo, uno de los bastiones del conocimiento tradicional en música clásica. Asistimos a su presentación en el Mozarteum, uno de lugares más venerados del mundo. El lugar estaba lleno con alemanes y austriacos aficionados de los mejores coros del mundo, que estaban ahí para ver 100 jóvenes con desafíos de habilidades que llenan sus corazones con la música. La respuesta incluyó el llanto y aplausos por parte de estos críticos europeos altamente aclamados. En la acera exterior, le preguntamos a un austriaco sobre la presentación que acabamos de ver. Él dice que viene de la ciudad donde Mahler compuso, y añadió, “Nunca he visto una interpretación o respuesta o nada así en mi vida.” Un certificado de excelencia. El mundo ahora entiende la interpretación musical de músicos etiquetados como “discapacitados” de una manera diferente. Respuestas condescendientes como “¡¿No fue eso adorable?!” no son el límite; la excelencia artística es posible – un cambio en nuestras  expectativas sobre el poder de esos jóvenes. Un cambio en las aspiraciones que esos jóvenes pueden absorber y alcanzar. 

Esto es verdad para el mundo lleno de más de 400 programas similares a El Sistema. Niños de contextos no privilegiados pueden hacer más que impresionar a la gente con lo bien que tocan “aunque” vengan de esos entornos. Pueden aspirar a desempeñarse con excelencia y traer algo tan poderoso de quiénes son que cambian la comprensión de lo que es posible para ellos, para aquellos en su comunidad y para todos nosotros. 

Y eso no significa que la excelencia deba ser la exigida por la industria orquestal – El Sistema no fue limitado por esa definición, ni tampoco lo fue el coro de manos blancas; ellos buscaron otro tipo de excelencia. Distintas nuevas formas de excelencia, pero todas requieren imaginación, dedicación, rigor, y alta ambición. Muchos programas son principiantes comparados con Venezuela, pero siguiendo el liderazgo de Colombia y México, nuestro campo está en camino.

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