EDITORIAL: Don’t Ever Ask That Question Again

“Did you like that piece?”  “Tell me what you liked and didn’t like about that performance?”  I hear these questions asked of music students everywhere I go in Western cultures.  I hear that kind of liking/disliking question in most Sistema programs I visit.  It’s an unexamined impulse, a habit.  A bad habit.  A bad habit I hope to make you aware of in this editorial, and to convince you never to fall into that unconscious impulse again.  Those questions seem innocuous.  They aren’t—they are damaging.

Liking and disliking is the least valuable, least interesting, least educationally helpful perspective you can invite students into during moments of reflection.  It’s common for sure—Western culture wallows in the power of preference.  Like the thumbs up or down vote in the gladiator fight at the Roman Colosseum, we like or dislike Facebook postings, pop songs, political statements, people.  It feels powerful to lodge a binary preference, and our culture force-feeds it with surveys, pundits, celebrities. “It’s great,” and “It sucked” are insta-judgments that bully a growth mindset, undermine empathy, and strangle the processes of art.

The snap binary decision about preference is exactly counter to the kind of attention we want our Sistema young people to apply to their music making and listening.  We want them to notice what is present rather than offer generalized opinions based on impulse. We want them to attend carefully to the qualities of something and of people, the strengths and weaknesses, the potential, the process.

Working against an omnipresent culture that encourages and rewards the binary instant preference judgment, we must vigilantly, relentlessly invite them into this alternative kind of attending.  Our programs must not only include pedagogy that doesn’t insta-judge (Sistema pedagogy is good at avoiding that), but also reflection that always draws young people into more nuanced, more thoughtful, more interesting and rewarding kinds of thinking.  A liking/disliking question is likely to evoke a lively response, but it sets our students back; it damages their artisty.  Don’t do it.  Ever.  Not even once.

Instead, always find a more nuanced question; and if you are good, find an inherently interesting question.  Instead of “What did you like about that piece?” maybe ask, “What is something in that piece that you noticed that you think maybe others didn’t notice?”  Instead of “Why did you hate it?” (which invites bolstering of insta-judgment), what about “What are some things you think the composer was trying to do?” And always steer opinions and judgments back to the music—“What was it you heard in the music that makes you think that?”  Always come back to the music—to build the habit of noticing musical ideas, attending to what is really there, rather than falling back into knee-jerk indulgence in preference.

John Dewey stated it simply: If we do not reflect on our experiences, we do not learn from them.  Sistema programs (and all music education) tend to stint the reflective component of student learning.  Reflecting on learning processes, reflecting on the music we play and listen to, requires consistent priority to help students develop the habits of mind of reflection that empower their learning and artistic development.  Make sure those habits of mind include attention to what is present, not just to opinions about things.  When encountering something new, having an opinion about it is natural but is about the least useful thing an artist can do with her attention.  Let’s be vigilant about developing the more valuable, but societally overlooked, skills of attending that bypass preference to nurture interest in discovering what is present.

Author: Eric Booth, Publisher, The World Ensemble

Date: 30 March 2019


EDITORIAL: Jamás vuelvas a hacer esta pregunta

Por Eric Booth, Editor, The World Ensemble

“¿Te gustó esa obra?” “¿Qué te gustó y qué no te gustó de esa presentación?” Escucho estas preguntas dirigidas a los estudiantes de música doquiera vaya en las culturas occidentales. Escucho ese tipo de pregunta de gustar/desagradar en la mayoría de los programas de El Sistema que visito. Es un impulso no examinado, un hábito. Un mal hábito. Un mal hábito sobre el cual espero concientizarte en este editorial, para convencerte de no volver a caer en este impulso inconsciente. Esas preguntas parecen inofensivas. No lo son—son dañinas.

“Me gusta”/“no me gusta” es la perspectiva menos valiosa, menos interesante, menos útil pedagógicamente a la cual puedes invitar a los estudiantes durante momentos de reflexión. Definitivamente es algo común—la cultura occidental se obsesiona con en el poder de la preferencia. Como el voto de pulgares arriba o abajo en las luchas de los gladiatores en el Coliseo Romano, a nosotros nos gustan o no nos gustan las publicaciones en Facebook, las canciones pop, las declaraciones políticas, y la gente. Parece poderoso registrar una preferencia binaria, y nuestra cultura alimenta esta necesidad con encuestas, comentaristas, y personas famosas. “Es genial” y “estuvo pesimo” son insta-juicios que hacen bullying a la mentalidad de crecimiento, debilitan la empatía, y estrangulan los procesos del arte.

La decisión binaria inmediata sobre la preferencia está exactamente en contra al tipo de atención que queremos que nuestros jóvenes de El Sistema apliquen a su música y su escucha. Queremos que observen lo que está presente en vez de ofrecer opiniones generalizadas según el impulso. Queremos que pongan atención cuidadosamente a las cualidades de algo o alguien—las fortalezas y las debilidades, la potencial, el proceso.

Trabajando en contra de una cultura omnipresente que prefiere y premia el juicio binario instantáneo, debemos invitar a nuestros estudiantes, con vigilancia, incansablemente, a esta forma alternativa de observar. Nuestros programas deben no solo incluir pedagogía que no insta-juzga (la pedagogía de El Sistema ya sabe evitar eso), pero también ejercicios de reflexión que siempre lleven a los estudiantes a formas de pensar más sutiles, más profundas, más interesantes, y más gratificantes. Una pregunta de me gusta/no me gusta suele provocar una respuesta vivaz, pero obstaculiza a nuestros estudiantes; daña su desarrollo artístico. No lo hagas. Nunca. Ni una sola vez.

En cambio, busca siempre una pregunta más compleja; y si puedes, busca una pregunta intrínsecamente interesante. En vez de “¿Qué es lo que te gustó de esta obra?” quizás pregunta, “¿Qué notaste en esta obra que crees que los demás quizás no notaron?” En vez de “¿Porqué lo odiaste?” (una pregunta que invita a más insta-juicios), qué tal “¿Qué crees que fueron las intenciones del compositor?” Y siempre dirige las opiniones y los juicios hacia la música—“¿Qué es lo que escuchaste en la música que te hizo pensar así?” Siempre vuelve a la música—para construir el hábito de observar ideas musicales, poniendo atención en lo que hay realmente, en vez de recurrir por reflejo a la gratificación de la preferencia.

John Dewey lo dijo de una manera sencilla: Si no reflexionamos sobre nuestras experiencias, no aprendemos de ellas. Los programas de El Sistema (y de toda la educación musical) suele escatimar al componente de la reflexión en el aprendizaje de los estudiantes. Reflexionar sobre los procesos de aprendizaje, o sobre la música que tocamos y escuchamos, requiere una prioridad consistente de ayudar a los estudiantes a desarrollar los hábitos mentales de reflexión que empoderan al desarrollo artístico y educativo. Asegúrate que esos hábitos mentales incluyan la atención a lo que está presente, no solo a las opiniones sobre las cosas. Cuando se encuentra algo nuevo, es natural tener una opinión sobre ello, pero es la cosa menos útil que puede hacer un artista con su atención. Seamos vigilantes en desarrollar la capacidad valiosa pero ignorada por la sociedad: la observación, un proceso que sobrepasa la preferencia para alimentar el interés en descubrir lo que está presente.

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