EDITORIAL: Leadership In El Sistema

Students at Josiah Quincy Orchestra Program participate in a Leadership Program, learning how to become mentors to their younger peers.

I just finished teaching a two-week intensive course on Leadership at Lincoln Center Education, for experienced teaching artists who want to move from master practitioner to field-changer. One of the many topics we addressed was a body of work I have done with orchestras called Leading from Every Chair. To get maximum commitment from an orchestra, every player must feel ownership – but how can the musician in the fifth stand of the second violin section actually be a leader without impeding the efficient functioning of the orchestra? Most professional conductors don’t want that musician to be a leader; they want her or him to be an attentive follower. Having all the musicians think they should lead seems like chaos or dysfunction in the orchestra world.

In the El Sistema-inspired world, however, we are primarily dedicated to the social development of young people. This prioritizes the development of personal voice (in balance with skill in creating the collective ensemble voice) and the leadership capacities to make strong choices and take responsibility for advancing others, if our students are going to be courageous and effective in directing the trajectory of their lives. Leading from every chair doesn’t mean all players offer opinions and argue for their own preferences during rehearsal. It is more sophisticated.

The main definition of leadership that I use in the Leadership Lab is this: Leadership is motivating and maximizing the actions of others to achieve a common goal. In most Sistema lists of core values, this is usually the way we define mentorship, or peer learning. But it’s important to think of it as leadership, as well. Leadership in the Sistema world never involves arbitrary power. It always means the capacity to activate the best in others and guide it toward the success of all. This is not quite the way leadership is commonly understood in other young people’s orchestra programs.

In an orchestra, and especially in a Sistema orchestra, this means that each player understands his or her circle of influence, and uses it well to maximize the success of the group. That circle of influence surrounds every chair and is expressed by helping nearby players, modeling exemplary commitment and motivation, and appropriately giving more at every opportunity.

How do we “teach leadership”? This is our challenge and responsibility in El Sistema programs. Other youth orchestra programs focus on music, and are happy if students develop personal voice and leadership capacities along the way. The success of Sistema programs is determined by the development of those personal and social skills, so we don’t have luxury of letting it appear as a happy by-product.

We have many tools to use. The foremost, of course, is our living example. We must model wholehearted commitment to our role, whatever it is. We must be courageous experimenters and joyful supporters of our colleagues and students. This is why “the gig mentality” is so damaging within Sistema faculties; it models “getting a paycheck” as the sole purpose from every chair, which does not model the commitment required for our students to internalize the pioneering courage they need.

We have other tools too; we can build leadership capacity in intentional ways, and mentoring is a prominent way. We can give responsibility to individuals and carefully attend to the result, to make sure the learner succeeds. We ask one student to make sure another has mastered a difficult passage in a piece; we ask students to lead warm-ups in a sectional; we ask a student to gather a team to take charge of chair setup.

We can offer informal apprenticeships in which students help teachers and staff, learning specific responsibilities. We can rotate seats in a section, as do NYO-USA and NYO2 (the U.S. National Youth Orchestra and its developmental counterpart, led by Carnegie Hall), to distribute leadership. We can invite students to propose changes or repertoire and have a fair process for considering their suggestions, and giving them responsibility for implementing those that are chosen.

A number of programs have created Leadership groups of their most invested students, to honor their aspiration and exercise their skills with serious responsibilities. When students perform outside of their home settings (or even in them), we can give them additional roles as teachers of younger students, as advocates, as hosts, every time, and support them with preparation to make sure they will succeed.

Author: Eric Booth, Publisher, The World Ensemble

Date Published: 30 July 2018


El liderazgo en El Sistema

Por Eric Booth

Acabo de enseñar en un curso intensivo de dos semanas sobre liderazgo en el Lincoln Center Education, para artistas formadores con experiencia que quieren pasar de ser maestros expertos a ser agentes de cambio en su campo. Uno de los muchos temas que abordamos fue un trabajo que he hecho con las orquestas que se llama Dirigir desde cada silla. Para lograr el mayor compromiso desde una orquesta, cada músico debe apropiarse del proceso – ¿pero cómo puede ser un líder el músico del quinto atril de los segundos violines sin impedir el funcionamiento eficaz de la orquesta? La mayoría de los directores profesionales no quieren que ese músico sea un líder; quieren que sea un seguidor atento. La idea que todos los músicos deberían dirigir parece caótica o disfuncional en el mundo de las orquestas.

En cambio, en el mundo inspirado por El Sistema, estamos dedicados ante todo al desarrollo social de los jóvenes. Eso prioriza el desarrollo de la voz personal (equilibrado con la creación de la voz colectiva del ensamble) y las capacidades de liderazgo para hacer buenas decisiones y tomar responsabilidad para que los demás avancen, si nuestros estudiantes van a ser valientes y efectivos en guiar la trayectoria de sus vidas. Dirigir desde cada silla no significa que todos los músicos opinen y peleen por sus propias preferencias durante los ensayos. Es algo más sofisticado.

La definición principal del liderazgo que utilizo en los Laboratorios de Liderazgo es: El liderazgo significa motivar y maximizar las acciones de otras personas para lograr una meta compartida. En la mayoría de las listas de valores claves de El Sistema, es así que definimos el rol del mentor o la enseñanza entre compañeros. Pero es importante pensar así también sobre el liderazgo. El liderazgo en el mundo de El Sistema nunca tiene que ver con un poder arbitrario. Siempre significa la capacidad de activar lo mejor en los demás y guiarlo hacia el éxito de todos. No es precisamente así que se entiende el liderazgo en muchos otros programas de orquestas juveniles.

En una orquesta, y en particular en una orquesta de El Sistema, eso significa que cada músico entienda su esfera de influencia y la utilice bien para maximizar el éxito del grupo. Esa esfera de influencia rodea cada silla, y se la expresa ayudando a los músicos al alrededor, demostrando un compromiso y una motivación ejemplar, y dando más (de una forma apropiada) en cada oportunidad.

¿Cómo “enseñamos el liderazgo”? Ese es nuestro reto y nuestra responsabilidad en los programas de El Sistema. Otros programas de orquestas juveniles se enfocan en la música, y están contentos si los estudiantes desarrollan su voz personal y las capacidades de liderazgo en el camino. El éxito de los programas de El Sistema se determina por el desarrollo de esas habilidades personales y sociales, entonces no tenemos el lujo de dejarlas aparecer como consecuencia afortunada e inesperada.

Tenemos muchas herramientas para utilizar. La más importante, por supuesto, es nuestro ejemplo vivo. Debemos demostrar un compromiso de todo corazón a nuestro rol, sea lo que sea. Debemos ser experimentadores valientes y apoyadores alegres de nuestros colegas y estudiantes. Es por eso que “la mentalidad de toque” es tan dañina entre los profesores de El Sistema; enfatiza el sueldo como prioridad, en vez de demostrar el compromiso necesario para que los estudiantes desarrollen el coraje pionero que necesitan.

También tenemos otras herramientas; podemos aumentar la capacidad de liderazgo en maneras intencionales, por ejemplo con los mentores. Podemos dar responsabilidad a los individuos y poner atención al resultado para asegurar que el aprendiz logre entender. Pedimos a un estudiante averiguar que otro estudiante haya dominado un pasaje en una obra; pedimos a los estudiantes dirigir los ejercicios de calentamiento en un taller de fila; pedimos a un estudiante unir un equipo para organizar las sillas.

Podemos ofrecer aprendizajes informales en los cuales los estudiantes ayudan a la planta docente y el personal, aprendiendo responsabilidades específicas. Podemos rotar las sillas en una fila, como se hace en la NYO-USA y la NYO2 (la Orquesta Nacional Juvenil de los EE.UU. y su contraparte en desarrollo, guiada por Carnegie Hall), para distribuir el liderazgo. Podemos invitar a los estudiantes a proponer cambios o repertorio y tener un proceso equitativo para considerar sus sugerencias, y darles la responsabilidad de implementar a las que se escogen.

Varios programas han creado grupos de liderazgo compuestos de sus estudiantes más comprometidos, para honrar sus aspiraciones y ejercer sus habilidades con responsabilidades serias. Cuando los estudiantes se presentan fuera del contexto de sus hogares (o también dentro de ese contexto), podemos darles papeles adicionales cada vez como profesores de estudiantes menores, como defensores, como anfitriones, y apoyarlos con una preparación que asegurará su éxito.

El último día de mis Laboratorios de Liderazgo, los participantes hacen presentaciones de tres minutos a un público distinguido, mostrando algo nuevo que tienen la intención de crear. Eso personifica uno de los principios de liderazgo del taller – los líderes visualizan nuevas cosas que les apasiona, y luego las hacen realidad. Sus visiones son convincentes: un nuevo tipo de currículo introductorio de jazz, una red nacional de artistas formadores de ópera lírica, una nueva manera cautivadora para llevar la música a las vidas de jóvenes sin recursos. Eso es también la meta de los programas de El Sistema, si se dan cuenta o no: motivar a los jóvenes a traer al mundo cosas que les apasiona—y creer que sí pueden hacerlo.

Si nos damos cuenta o no, somos todos líderes en este campo. Y todos podemos mejorar.

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