Around the Sistema World with Hannah, Part Four: Kenya

My second trip to Kenya was definitely one for the books: packed with dozens of class visits, several hundred students, and two of the most inspiring organizations that East Africa has to offer. Over the course of three weeks, I had the opportunity to work with two different Sistema-inspired organizations. The first half of my trip was spent with El Sistema Kenya. In its fourth year, El Sistema Kenya provides music education to children in three sites across Nairobi. I spent the week in Kawangware, an informal settlement that they call a ghetto or slum, just west of the city center. Here I visited string classes at Kawangware Primary—El Sistema Kenya’s first núcleo. Tucked right into the heart of the school, a spacious classroom houses twenty violin students every afternoon. While the sounds of children outside the school walls sometimes echo inside—jumping rope, playing soccer, and singing songs—they are no match for the string melodies that fill the classroom, corridors, and halls.

My visit fell on the week students across Kenya began to wrap up final exams before heading to summer holiday, but the children of El Sistema Kenya were as eager as ever to take hold of their instruments and attend afterschool programming. My first day, I was greeted by a class of about twenty students, ages six to thirteen. All of the students—spanning a range of playing experience by about three years—eagerly treated me to several tunes, including the Kenyan national anthem. Throughout the week, I was able to work with teachers and students in violin classes on a great deal of repertoire. From Suzuki book excerpts, to arrangements of Kenyan folk songs, and everything in between, the students worked hard as they practiced independently and rehearsed in groups. These classes also featured a great deal of peer teaching: older students showing little ones how to properly hold their instruments, more advanced students giving both positive feedback and constructive criticism to beginning ones, and an overall rapport of both encouragement and support.

My time with El Sistema Kenya was filled with more than just teaching and class observations. I fostered friendships with some students, got to know the program teachers well, and even played with the Nairobi Philharmonic.

A great deal of El Sistema Kenya’s funding comes from guest artist visits and their fundraising concerts.  My stay with the program happened to coincide with the visit of James Lyon, a violinist and professor of music at Penn State who travelled to Kenya and spent a long weekend performing several concerts. On Sunday, July 29th, Lyon performed Vivaldi’s Four Seasons with the Nairobi Philharmonic Orchestra. The following day, he put on a benefit recital for El Sistema Kenya in conjunction with organist Hannah Emmrich. Performed works included Brahms, Kreisler, and Dvorak, and all proceeds went toward the support of El Sistema Kenya.

The second half of my stay in Kenya was spent with Ghetto Classics—the oldest El Sistema-inspired program in East Africa. Here, I worked primarily with students at the organization’s main site in Korogocho—another informal settlement, but on the other side of Nairobi. This site, approaching its tenth year, serves over 300 children in Korogocho and its surrounding communities. During my time with this organization, I had the opportunity to work with dozens of instrumentalists at a variety of skill levels. While a great portion of my time was spent leading viola sectionals for high school-age students, I also worked with several violinists, a brass trio, and beginning wind players.

Unlike some of my teaching experiences in the States—the passion and dedication to their craft of so many of these students was downright inspiring.  Some arrived every morning when the gates of the school opened and wouldn’t pack up until the sun finally began to set. Even the smallest children exhibited a high level of discipline and thoughtful practice techniques—skills that I didn’t develop until well into my high school years.

Toward the end of my visit, a group of twenty-five students and one teacher from Ghetto Classics travelled three hours north to Nyeri to attend the Kenya Music Festival, now in its 92nd year.  The Ghetto Classics students received several awards during the national festival, including second place in the Advanced Violin Solo division and first place in both the Intermediate Violin Solo and the Orchestra Performance divisions. Conducted by Kevin Obara—teacher and former student of Ghetto Classics—the orchestra played Lucho Bermúdez’s “Colombia Tierra Querida” to win the first-place prize.

While I was sad to see my visit to Kenya come to a close, I was excited to go to India to visit a program called Sangeet4All. The New Delhi-based program, founded by world-renowned artists Shubhendra and Saskia Rao, is now in its fourth year. Be on the lookout for my next article about Sangeet4All and my time in India!

Date Published: 14 August 2018


A recorrer el mundo de El Sistema con Hannah, Parte 4: Kenia

Mi segundo viaje a Kenia fue definitivamente uno que quedará en los recuerdos: lleno de docenas de visitas a las clases, cientos de estudiantes, y dos de las organizaciones más inspiradoras que África Oriental tiene para ofrecer. Durante el transcurso de tres semanas, tuve la oportunidad de trabajar con dos organizaciones diferentes inspiradas por El Sistema. La primera mitad de mi viaje la pasé con El Sistema Kenia. Ahora en su cuarto año, El Sistema Kenia provee educación musical a niños en tres sitios por todo Nairobi. Pasé la semana en Kawangware, un asentamiento informal que llaman gueto o barrio pobre, al occidente del centro de la ciudad. Aquí visité las clases de cuerdas en la Primaria de Kawangware—el primer núcleo de El Sistema Kenia. Ubicado en el centro de la escuela, un salón espacioso alberga a veinte estudiantes de violín todas las tardes. Aunque a veces reverberan los ruidos de niños desde afuera de los muros de la escuela—saltando a la cuerda, jugando fútbol, y cantando canciones—no pueden competir con las melodías de cuerdas que llenan el salón y los pasillos.

Mi visita coincidió con la última semana de exámenes finales en Kenia antes de las vacaciones de verano, pero los niños de El Sistema Kenia estuvieron tan entusiastas como siempre de agarrar sus instrumentos y asistir a la programación después de la escuela. Mi primer día me esperó una clase de aproximadamente veinte estudiantes, entre las edades de 6 a 13 años. Todos los estudiantes—con hasta tres años de diferencia de experiencia entre ellos—me presentaron con entusiasmo varios temas, incluso el himno nacional keniano. Durante el transcurso de la semana, pude trabajar mucho repertorio con los profesores y los estudiantes en las clases de violín. Desde extractos de los libros de Suzuki, hasta arreglos de canciones folclóricas kenianas, y todo lo demás, los estudiantes trabajaron duro mientras estudiaban individualmente  y ensayaban en grupos. Estas clases también incluyeron mucha enseñanza entre compañeros: los estudiantes mayores mostrando a los chiquitos como agarrar bien sus instrumentos, los estudiantes más avanzados dando comentarios positivos y críticas constructivas a los principiantes, y una vibra general de motivación y apoyo.

El tiempo que pasé con El Sistema Kenia contenía más de sólo enseñanza y observación de clases. Desarrollé amistades con algunos estudiantes, llegué a conocer bien los profesores del programa, y hasta toqué con la Filarmónica de Nairobi.

Muchos de los fondos de El Sistema Kenia vienen de las visitas de artistas invitados y sus conciertos de recaudación de fondos. Mi estadía con el programa coincidió por casualidad con la visita de James Lyon, violinista y profesor de música de la universidad Penn State, que viajó a Kenia y estuvo durante un fin de semana largo presentando varios conciertos. El domingo 29 de julio, Lyon tocó las Cuatro Estaciones de Vivaldi con la Orquesta Filarmónica de Nairobi. El día siguiente, presentó un recital benéfico para El Sistema Kenia en conjunto con la organista Hannah Emmrich. Se tocó obras de Brahms, Kreisler, y Dvorak, entre otros, y todos los ingresos fueron destinados al apoyo de El Sistema Kenia.

La segunda mitad en mi estadía en Kenia se pasó con Ghetto Classics—el programa más antiguo de El Sistema en África Oriental. Aquí trabajé principalmente con estudiantes en la sede principal de la organización en Korogocho—otro asentamiento informal al otro lado de Nairobi. Este sitio, que tiene casi 10 años, atiende a más de 300 niños en Korogocho y las comunidades a su alrededor. Durante mi estadía con esta organización, tuve la oportunidad de trabajar con docenas de instrumentistas con una variedad de niveles de habilidades. Aunque mucho de mi tiempo lo pasé dirigiendo talleres de viola para estudiantes de secundaria, trabajé también con varios violinistas, un trío de metales, y estudiantes principiantes de vientos.

A diferencia de algunas de mis experiencias de enseñar en los Estados Unidos—la pasión y la dedicación a su arte de tantos de estos estudiantes fueron sumamente inspiradoras. Algunos llegaban cada mañana cuando se abrían las puertas de la escuela y no guardaban sus instrumentos hasta que el día finalmente empezaba a atardecer. Hasta los niños más pequeños mostraban un nivel alto de disciplina y técnicas de estudio meditadas—habilidades que yo no desarrollé hasta la mitad de la secundaria.

Hacia el final de mi visita, un grupo de 25 estudiantes y un profesor de Ghetto Classics viajaron tres horas al norte a Nyeri para asistir al Festival anual de Música de Kenia, ahora en su versión no. 92. Los estudiantes de Ghetto Classics recibieron varios premios durante el festival nacional, incluyendo el segundo lugar en la división Solo Violín Avanzado y el primer lugar en las divisiones de Solo Violín Intermedio y de Interpretación de Orquesta. Dirigida por Kevin Obara—profesor y ex alumno de Ghetto Classics—la orquesta tocó “Colombia Tierra Querida” de Lucho Bermúdez para ganar el premio de primer lugar.

Aunque estaba triste al concluir mi visita a Kenia, me emocioné por ir a India para visitar un programa llamado Sangeet4All. Este programa de Nueva Delhi, fundado por artistas renombrados Shubhendra y Saskia Rao, ahora tiene 4 años. ¡Estén pendientes de mi próximo artículo sobre Sangeet4All y mi estadía en India!

Por: Hannah Whitehouse, Northwestern University

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