Comparing Options for Acquiring Stringed Instruments

We all know that when it comes to learning an instrument, quality is essential. A great instrument will help a student learn, while a bad one will make it a torturous process. We also know that a great instrument means more of an investment, especially with stringed instruments. There are grants to help programs purchase instruments, and that works well for some, but others get bogged down by the hidden costs associated with violins, violas, cellos, and basses. It becomes a balance of finding a good instrument at a price the program can afford, and sacrifices happen. How do we help directors avoid these hidden costs and still effectively run their programs?

First, we need to look at what these hidden costs are. Let’s start with what seems obvious: repairs. With stringed instruments, repairs can add up to the point where what initially seemed like a quick fix is now a financial catastrophe. Take a broken bridge, for example. This is something that can’t be glued together and must be replaced. A bridge is always hand-carved to fit an instrument. For a student instrument this can easily run almost or over $150 depending on where you’re located, and remember: the larger the instrument, the higher the cost.

Something breaking is an extreme (though common) occurrence, but there is also a cost associated with maintenance and wear and tear. This includes things like bow rehairs, open seams, and new strings. These too can add up quickly, not to mention what happens when repairs cost more than the instrument itself. Many programs that purchase instruments run into this scenario. Sometimes, the damage to one of their cellos, for example, is deemed too extensive to justify the cost needed to bring it back to a playable state. When these instruments are gone, they’re gone for good, and a new one must be purchased. We can teach children to be as gentle and careful as possible with their fragile instruments, but accidents still happen.

Another hidden cost programs encounter when purchasing stringed instruments: Multiple sizes. Violins, violas, cellos, and basses come in incremental sizes to accommodate smaller children. As they grow, they will need to swap instruments, which means programs will always need a stock of different-sized instruments on hand. Purchasing and storing those extra instruments presents a challenge, as well as determining how many of each size you will need for multiple years.

What’s the solution? Programs need a different type of support for acquiring instruments – something that continues to work after the initial donation. We need another option for programs that can be adapted to their unique needs. Purchase has been touted as a way for programs to have complete ownership, but it also puts the entire financial burden on the programs themselves. Renting is seen as a temporary or costly solution, but what if it became a viable option? Rentals include insurance against wear and tear, broken strings, accidental damage, and common repairs. They also include size exchanges, meaning that a program doesn’t need a stock of extra instruments in multiple sizes and a place to store them all.

This is what the Johnson String Project wants to change. Based in Newton, Massachusetts, we are a non-profit associated with Johnson String Instrument. In partnership with the Massachusetts Cultural Council, we work to provide instruments, mainly rentals, to El Sistema-inspired programs throughout the Commonwealth. The idea is that these hidden costs are covered by the Johnson String Project. This has helped give programs access to the same instruments anyone can walk in the store to rent, as well as free up program budgets for other concerns. While we are still a small but growing organization, these results are encouraging and demonstrate the need programs have for a more flexible solution. Our hope is that given time, this is a model that other states and local shops can adopt to help more programs and communities.

Author: Silvija Kristapsons, Assistant Marketing Manager, Johnson String Instrument

Date Published: 14 October, 2018


Comparando opciones para adquirir instrumentos de cuerda

Por Silvija Kristapsons, gerente asistente de marketing, Johnson String Instrument

Todos sabemos que cuando se trata de aprender un instrumento, la calidad es esencial. Un instrumento excelente ayudará a un estudiante para que aprenda, mientras uno malo volverá el proceso torturador. También sabemos que un instrumento excelente significa una mayor inversión, especialmente con los instrumentos de cuerda. Hay becas para ayudar a los programas a comprar instrumentos, y eso funciona para algunos, pero otros se enredan con los costos ocultos asociados con los violines, violas, violonchelos, y contrabajos. Se vuelve un balance de encontrar un buen instrumento con un precio al alcance del programa, y hay sacrificios que pasan. ¿Cómo ayudamos a los directores para que eviten esos costos ocultos y todavía gestionen sus programas de manera efectiva?

Primero, hay que mirar qué son esos costos ocultos. Empecemos con lo que parece obvio: las reparaciones. Con los instrumentos de cuerda, las reparaciones se pueden ir sumando hasta que lo que al principio parecía un arreglo fácil ahora es una catástrofe financiera. Toma un puente roto, por ejemplo. Eso es algo que no se puede encolar con pegamento y se debe reemplazar. Un puente es siempre tallado a mano al tamaño del instrumento. Para un instrumento estudiantil eso puede costar hasta más de US$150 dependiendo de la ubicación, y recuerda: más grande el instrumento, más alto el costo.

Que algo se rompa es un incidente extremo (aunque común), pero también hay un costo asociado con el mantenimiento y el desgaste. Eso incluye cosas como encerdar los arcos, cerrar las grietas abiertas, y cambiar las cuerdas, que también pueden ir sumándose rápidamente, por no hablar de lo que pasa cuando las reparaciones cuestan más que el mismo instrumento. Muchos programas que compran sus instrumentos se encuentran con ese escenario. A veces, el daño a uno de sus violonchelos, por ejemplo, se considera demasiado extenso para justificar el costo necesario para devolverlo a un estado tocable. Cuando esos instrumentos mueren, mueren para siempre, y hay que comprar uno nuevo. Podemos enseñar a los niños a tratar sus instrumentos frágiles de la manera más suave y cuidadosa posible, pero los accidentes todavía pasan.

Otro costo oculto que los programas encuentran cuando adquieren instrumentos de cuerda: Tamaños diferentes. Los violines, violas, violonchelos, y contrabajos vienen en tamaños progresivos para acomodar a los niños más pequeños. Mientras crecen, tendrán que cambiar de instrumento, y eso significa que los programas siempre necesitarán un inventario de instrumentos de diferentes tamaños disponibles. Adquirir y almacenar esos instrumentos extras es un reto, como también determinar cuántos de cada tamaño necesitarás para varios años.

¿Cuál es la solución? Los programas necesitan otro tipo de apoyo para adquirir los instrumentos – algo que sigue funcionando después de la donación inicial. Necesitamos otra opción para los programas que se pueda adaptar a sus necesidades únicas. Se promociona la idea de comprar, para que los programas sean los propietarios de sus instrumentos, pero eso también deja el peso financiero enteramente con los mismos programas. Se ve el alquiler de instrumentos como una solución temporal o costosa, ¿pero qué tal si se volviera una opción viable? Los instrumentos alquilados vienen con seguro para el desgaste, las cuerdas rotas, los daños accidentales, y las reparaciones comunes. También incluyen cambios de tamaño, lo cual significa que un programa no necesita un inventario de instrumentos extras en varios tamaños, ni un lugar donde almacenarlos todos.

Eso es lo que el Johnson String Project quiere cambiar. Con la sede en Newton, Massachusetts, somos una organización sin fines de lucro asociada con Johnson String Instrument. En colaboración con el Consejo Cultural de Massachusetts, trabajamos para proveer instrumentos, mayormente alquilados, a programas inspirados por El Sistema por todo el estado. La idea es que el Johnson String Project cubra esos costos ocultos. Eso ha ayudado a dar a los programas acceso a los mismos instrumentos que cualquier persona que entra en la tienda, y también ha permitido que los programas despejen sus presupuestos para otros asuntos. Aunque somos una organización pequeña en fase de crecimiento, estos resultados nos animan y demuestran la necesidad que tienen los programas para una solución más flexible. Nuestra esperanza es que con el tiempo, eso se vuelva un modelo que otros estados y otras tiendas puedan adoptar para ayudar a más programas y comunidades.

Fecha: 31 octubre 2018

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